Toda su producción de hortalizas es libre de residuos de plaguicidas. Al principio, recuerda Omar Madrid, “producíamos no de manera limpia”. Porque reuerda, ”Antiguamente era normal el uso de plaguicidas entres los productores. Después descubrimos que se podía trabajar más sano. Dentro de los invernaderos fuimos instalando malla antiáfido para el control de plagas siendo un control muy eficaz y sustentable sobre plagas presentes en lechuga, tomate y pimentón”.
Recién el año 2009 comenza a producir sin uso de plaguicidas, aprendiendo de los equipos técnicos Indap Prodesal de Quillota y del INIA. “Hay personas que buscan lo sano para su familia…. algunos. A otros no les interesa y prefieren solo mejor apariencia y calibre”. Aquí, recuerda, “han venido familias completas a cosechar a la parcela. Yo los dejo retirar el fruto para que gocen y vean el modo de cosechar sano y observen cómo realmente se puede cultivar sin pesticidas”. También, asegura, hemos recibido visitas de distintos agricultores del país y sus respectivas organizaciones los cuales se sorprenden de esta forma de hacer agricultura sin dañar al prójimo.
La incorporación de técnicas de disminución del desarrollo de plagas en hortalizas combina técnicas como té de compost, el monitoreo de plagas, usode enemigos naturales, uso de feromonas, plaguicidas biológicos y aceites orgánicos, barreras físicas, trampas, cultivos atrayentes de enemigos naturales, control biológico, entre otros.
“Uso mucho la ortiga ya que es un potente insecticida natural. Hago preparados para el año, alrededor de 100 litros y con esto erradique la mosquita blanca de mi predio. También la utilizo para ir aplacando otros insectos que llegan al tomate o lechuga. En un purín de ortiga, se le echa ajo, entre otras cosas, luego se deja fermentar unos 60 días y se embotella”.
“Uso diferentes tipos de te: quillay, ajo, ají, ortiga, que son repelentes para los insectos… a los árboles también les aplico. El guano de gallina lo distribuyo a través del riego por cinta. Puedo tener cosechas largas…todo madura en la mata”.


La infancia
A los 12 años acompañaba a su padre a regar los cultivos de tomates. “Me ponía las botas que con esfuerzo me regaló. Otras veces iba solo a hacer el riego de los tomates, asustados en la oscuridad de la noche”. Al principio, recuerda, con mi hermano menor hasta que él ingresó a la Escuela Militar. “Cuando fui más grande la labor del riego nocturno la hacía yo solo, con o sin frío, soportando la picada de los zancudos, entre las 2 y 6 de la mañana o a la hora que tocará el turno del agua que no siempre era a la misma hora. Esto iba de septiembre a marzo”.
Era riego por tendido, recuerda. “Teníamos que ir con palas y botas… Era el método de esa época. El agua fluye del canal, uno la ataja y la deja correr por los camellones produciendo una inundación temporal”.

La historia
Su padre lo educó para ser mecánico tornero. Egresó del Diego Echeverría en Quillota de la Escuela Técnico Industrial. Hizo los dos meses de práctica y no quiso seguir metido en la grasa. “No me gustó”, asegura, “Y mi padre Ruperto Madrid me dio a elegir. Yo opté por trabajar la tierra. Porque a mi me gustó el campo desde los ocho años cuando mi padre se fue a trabajar al Fundo Esmeralda. Estábamos solos, acostumbrados en el campo, cerca de la línea del tren de San Pedro. Andábamos a patita pelada o con botas cuando nos tocaba regar con agua del río Aconcagua a riego tendido por las melgas”.